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El mono que se hizo amigo de sus emociones

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Érase una vez un mono muy travieso que vivía en la selva. Le gustaba mucho jugar con sus amigos, pero también le gustaba hacer bromas pesadas y molestar a los demás animales. El mono no sabía controlar sus emociones y a veces se ponía muy contento, otras muy triste, otras muy enfadado y otras muy asustado. No sabía por qué se sentía así ni cómo expresarlo. Tampoco se daba cuenta de cómo se sentían los demás cuando les hacía daño o les faltaba al respeto. Un día, el mono estaba jugando con una liana cuando vio pasar por debajo a una tortuga. Se le ocurrió una idea divertida: soltar la liana y caer encima de la tortuga para asustarla. Así lo hizo, pero no calculó bien la distancia y se dio un golpe muy fuerte contra el caparazón de la tortuga. La tortuga se enfadó mucho y le dijo al mono:¡Eres un maleducado! ¿No ves que me has hecho daño? ¿Qué te crees que eres? ¿El rey de la selva? El mono se sintió avergonzado y se puso a llorar. No entendía por qué la tortuga se había enfadado tanto c...

El perro de Rafa

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           Rafa le contó a su amigo Rubén que cada noche soñaba con tener un perro. Un día soñó que le regalaban una preciosa perrita con una correa rosa y un lacito rojo. Se sentía tan feliz que jugando se fue corriendo por el arroyo hasta llegar al río, donde su perrita empezó a jugar con una verde rana que saltaba por las ramas buscando a sus verdes renacuajos. Un ratón que correteaba triste por la orilla del río saludó a su perrita y le dijo que un pequeño zorro marrón le había robado su merienda. Rafa, rápidamente, dejó de corretear detrás de su perrita y buscó algo de comer para su amigo el ratón. Pronto encontró un racimo de uvas verdes, unas pocas fresas rojas y un rábano rosa. El ratón se puso tan contento que cuando Rafa decidió regresar por el camino del arroyo, hasta la carretera que llega a su casa, el ratón les perseguía para despedirlos con un fuerte abrazo. Cuando Rafa se despertó esa mañana y bajó a tomar su desayuno no da...

La aventura de Julieta y Mamá ballena

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—Despierta, Julieta, que el desayuno está listo —dijo el abuelo en voz alta desde la cocina para despertar a la niña de seis años que dormía en el piso de arriba, justo en la habitación que estaba al lado de las escaleras de madera. La pequeña se sentó sobre su manta, estrujando sus ojos de avellana mientras Moby, su simpático y anciano perro border collie la observaba al pie de la cama moviendo la cola. Se dirigió dando brincos, descalza y con su melena cobriza y despeinada hacia las escaleras, corriendo al piso de abajo a darle los buenos días a su abuelo, quien se encontraba lavando una sartén. —¡Buenos días abuelo! —Dijo dejando entrever su dentadura incompleta en una sonrisa. Ya había perdido su primer diente y se sentía como toda una niña grande. —Buenos días, mi niña, ¡anda a lavarte los dientes, que la comida se enfría. Y no andes descalza, que te enfermas! El olor a café, pescado frito y tortilla de huevo con patatas perfumaba esa mañana la cabaña en la que vivían el anciano p...